29 sep 2016

«PARA EVITAR LA OPINIÓN DEL ESPEJO»

por Carlos Rey

(Antevíspera del Día Internacional de las Personas de Edad)

Juan Carlos «Onetti [era] reacio a hablar [de] sus experiencias personales —atestigua Teresita Mauro acerca del célebre novelista uruguayo—. No obstante, su agudo humor e ironía [estaban] presentes en el [siguiente] “Autorretrato” que escribió con motivo de la publicación de una antología de autores latinoamericanos:

»“Mi imagen y yo, no lo olvido —escribió Onetti—, es el título de la composición que debo escribir para figurar en la selección de cabezas o jetas tan inmortales como latinoamericanas que ustedes quieren reunir en [un] libro. Allá ustedes. [...] En cuanto a mí, hace muchos años que aprendí el arte de afeitarme al tacto para evitar la opinión del espejo, para acudir al trabajo sin el peso de otra depresión [...].

»”Es que mi imagen —ustedes me lo muestran— avanza, desde hace tiempo, separada de mí. Mientras yo permanezco adolescente, calmo, interesado en lo que importa, bondadoso y humilde por indiferencia y por la asombrosa seguridad de que no hay respuestas, ella, mi cara, ha envejecido, se ha puesto amarga y tal vez esté contando historias que no son mías sino de ella.

»”Claro está que no reniego de mi cara; y los lazos sanguíneos y legales que nos unen me obligarán siempre a salir en su defensa, con justicia o no.”»1

De ahí que la profesora Mauro de la Universidad Complutense de Madrid, quien era amiga de Onetti, comente: «Ese desajuste entre el inevitable paso del tiempo, que se refleja en los rostros, y un espíritu adolescente, capaz de soñar otros mundos, feliz de perseguir empresas imposibles, [permaneció] vigente en el escritor. Tal vez por esta razón, al mostrarme un ejemplar del semanario uruguayo Brecha, dedicado a sus ochenta años, se mostraba encantado con una fotografía suya reproducida en esas páginas, mostrando a un Onetti niño o en el umbral de la adolescencia....»2

Con esa percepción de sí mismo, por la que hace lo necesario «para evitar la opinión del espejo», ¡sí que nos identificamos muchos de nosotros! Algunos comparten ese sentir al extremo de que les han pedido a sus hijos que, cuando les llegue la hora, tengan la bondad en el funeral de mostrar sólo fotos de ellos cuando eran más jóvenes y no tenían tantas arrugas y manchas, recordándolos así justamente en la flor de la vida.

Menos mal que la opinión del espejo que vale, el de la Palabra de Dios nuestro Creador, es que Él nos ha hecho a todos hermosos, admirables y maravillosos.3 Pero más vale que juzguemos a la gente como la juzga Dios. Él le dijo al profeta Samuel: «La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.»4 De modo que, a los ojos de Dios, la apariencia externa, que es la que más engaña, es también la que tiene menos valor. Determinemos entonces que nuestra belleza sea la que procede de lo íntimo del corazón, que es la belleza que Dios valora mucho. Así evitaremos el desánimo porque, al irnos desgastando por fuera, nos iremos renovando por dentro día tras día.5


1 Teresita Mauro, «Conversaciones de Onetti», A propósito de Juan Carlos Onetti y su obra (Bogotá: Editorial Norma, 1992), pp. 18-19, publicado originalmente en «Juan Carlos Onetti: Una escritura afirmativa del hombre», Revista Anthropos 2 (Nueva edición), España, 1990).
2 Ibíd.; Antonio Astorga, «Onetti, desnudo inédito», Diario ABC, Madrid, 21 noviembre 2010 <http://www.abc.es/20101117/cultura-libros/onetti-201011171237.html> En línea 6 mayo 2016.
3 Gn 1:31; Ec 3:11; Sal 139:14
4 1S 16:7
5 1P 3:4; 2Co 4:16